SAO PAULO.- Tras tres décadas batallando con sus propias crisis de deuda y recibiendo constantes lecciones del Tío Sam, muchos latinoamericanos están observando ahora un posible cese de pagos en Washington con una mezcla de morbosidad y temor por lo que pueda significar el colapso.

Para todos, desde presidentes a vendedores callejeros, ver a los políticos estadounidenses discutir sobre dónde hacer dolorosas reducciones de presupuesto también ha sido un recordatorio de que esos días se acabaron en América Latina, al menos por ahora, ya que la mayoría de la región disfruta de una relativa prosperidad económica.

"¿Cuándo fue que el sueño americano se convirtió en una pesadilla?", se regodeó la mandataria argentina Cristina Fernández, cuyo país cesó los pagos de U$S 100.000 millones en deuda una década atrás. Los estadounidenses "pensaron que el dinero sólo se reproduce a sí mismo, y sólo en el sector financiero, sin tener que producir ningún bien ni servicio", sostuvo.

Los mayores críticos de Washington en la región, como el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales, también han retratado la crisis como un resultado inevitable de un país que fracasó en seguir sus propios consejos financieros y se sobre-extendió militarmente en América Latina y el resto del mundo.

Aún están frescos los recuerdos del tono de superioridad moral que a veces parecían tomar los funcionarios estadounidenses cuando la piedra estaba en el zapato ajeno. Un ejemplo de triste fama es cuando Argentina cayó en crisis en 2001 y el entonces secretario del Tesoro, Paul O?Neill, se burló del país y sus problemas de deuda diciendo que "les gusta de esa forma. Nadie los obligó a estar como están". En estos días, se espera que la economía de América latina se expanda un 4,7% -casi el doble de la tasa de EEUU- gracias a la fuerte demanda de las materias primas de la región y a una década de manejo fiscal prudente.

De hecho, existe el riesgo de que un cese de pagos en EEUU desate un contagio financiero en América -como la llamada "Crisis Tequila"-, lo que ha atenuado el triunfalismo y le quita el sueño a algunas autoridades.

Brasil, la potencia económica de la región y que apenas una década atrás debió ir a Washington a pedirle un rescate al FMI, es ahora el cuarto mayor acreedor soberano de EEUU, con unos U$S 211.000 millones en deuda del Tesoro. La presidenta, Dilma Rousseff, discute con sus asesores las consecuencias para el país de una moratoria en EEUU o Europa. "(Rousseff) parte cada día leyendo las noticias que vienen desde Washington", indicó el funcionario. "Está fascinada con eso", agregó. (Reuters)